En mi casa siempre que se va la energía eléctrica, mi papá y mi tío cuentan leyendas e historias de terror. A mis primos y a mí nos gustan mucho, pero esta que nos contó ayer es muy miedosa.

Nosotros vivimos en Pasto, por la Iglesia de Santiago y en las noches hemos visto a muchas personas correr desesperadas como si alguien las persiguiera, algunos se ahogan del miedo, pero otros gritan muy fuerte que es el padre descabezado.

Mi tío si lo ha visto, él contó que una vez estaba borracho con sus amigos y que iban en búsqueda de un taxi, cuando de pronto sintieron un frío tenebroso, de esos que te ponen los pelitos de punta y te hacen temblar.

Al instante un soplo de aire muy fuerte los atemorizó y sin saber que pasaba, vieron aparecer una sombra negra y larga que en cuestión de microsegundos se convirtió en un cura, pero no cualquiera, sino el espíritu del padre descabezado.

Llevaba una sotana muy grande de paño negro, bordones rojos que ceñían su torso y entre sus manos un rosario entrecruzado. Sin embargo, de su cuello no se desprendía nada más que mucha sangre y vísceras.

Mi tío dice que sus amigos y él se aterrorizaron y empezaron a correr lo más rápido que podían, pero el padre descabezado también era muy veloz y no los perdía de vista. Los perseguía, los asustaba, ya casi los alcanzaba, pero de pronto uno de los amigos de mi tío empezó a rezar el padre nuestro.

A medida que entonaba la oración, la velocidad del padre descabezado disminuía y disminuía, así que todos se unieron a una sola voz y finalmente el padre descabezado desapareció.

Ahora que sabes esto, antes de pasar embriagado por la Iglesia de Santiago en Pasto, piénsalo una, dos y hasta tres veces.