Crónicas de brujas

En el Chocó una bruja o brujo es una persona que sabe hechicería, puede volar, asusta o enamora.

El Cajón, Nóvita. 12:00 de la noche.

Un grupo de apuestos jóvenes, muy asediados por las mujeres, se divierten en medio de la noche.

Uno de ellos se despide de sus amigos más temprano de lo acostumbrado.

El hombre camina despreocupado. De repente, siente que alguien detrás suyo casi lo agarra. Él empieza a correr.

Su pulso se acelera y solo piensa en llegar a casa. Corre aún más rápido.

Después de una eternidad, entra a su casa. Tiene la respiración agitada y las piernas le tiemblan. Escucha ruidos en el techo, como grandes pisadas. Una mujer se ríe a carcajadas.

Era la bruja. Estaba enamorada de él.

 

Quibdó. Un día cualquiera.

Una bruja decidió heredar su saber a Antonia, su sobrina.

Le propuso enseñarle todo lo que sabía. A cambio debía renunciar a Dios. La candidata a aprendiz se negó y tuvo que enfrentar la furia de su tía.

Desesperada, Antonia se fue a la montaña y construyó una casa allí. Alguien le había dicho que, con unas tijeras nuevas, un rosario y sal podría librarse de la bruja.

Antonia obedeció. Regó la sal en el techo de su casa. Por la noche, cuando la bruja llegó a atormentarla, le dijo “mañana venís por sal”.

Así fue. Muy a las cinco de la mañana llegó la tía, -“vos me dijiste que viniera por sal”-.

A la noche siguiente, Antonia decidió limpiar sus viejas tijeras y las colgó en cruz junto con el rosario. La bruja entró. Miró su reflejo en las tijeras, desgarró un grito agudo y nunca más volvió.

Cuando la bruja murió, el diablo durmió a todos los que la velaban y sacó su cuerpo hasta la puerta de la casa. La sepultaron y el cielo derramó un aguacero sin precedentes. Tres días después alguien vio que no había nada en aquella tumba. Solo quedaba un fuerte olor a azufre.