Hay una noche que brilla más que todas las demás en el año. Esa noche se viste de gala, de luces de todos los colores. Esas luces se posan en los balcones, en los andenes, en los jardines, en los parques, en las habitaciones, en los corazones de miles de caucanos que celebran la “Noche de velitas”.

Los abuelos encienden las velas de los más pequeños de la casa, quienes se apresuran a tomar el mejor lugar para pegar las suyas. Apuestan a quién será el afortunado con la llama más grande. Quienes viven esta noche reunidos con toda su familia, esperan a que lleguen todos los familiares para empezar a encender las velitas y preparan comida para agasajar la noche.

Hay otros que solitarios encienden la tradición de sus mayores, esos mismos que ahora están lejos. Hay quienes seleccionan cuidadosamente el color de sus velas. Otros piden un deseo en cada vela que encienden. Otros agradecen en cada luz las cosas buenas que han vivido en el año.

Muchos encienden sus velas y forman parte de las miles de luces que iluminan las ciudades, grandes y chicas. Incluso hay quienes van a dejar sus velitas en el parque principal de su ciudad o pueblo, donde usualmente se escuchan de fondo las chirimías, que se mezclan con otros ritmos musicales en los barrios populares.

Fuera de las urbes, en el campo, cada familia pega sus velas alrededor de la casa, oran a la virgen María y le hacen sus peticiones por el bienestar y la salud de todos.

Esa noche se vive el siete de diciembre, cuando se celebra en Colombia la “Noche de velitas”, una fiesta religiosa que inicialmente está ligada al catolicismo cuando Dios escoge a María para ser la madre de su hijo Jesús. Sin embargo, con el tiempo se fue resignificando esta celebración y muchos la interpretan como el inicio del mes más esperado y bonito del año.

En el Cauca se mantiene la tradición de alumbrar las casas y calles de los barrios, saludar a los vecinos y compartir uno que otro manjar navideño. Más allá de cualquier filiación religiosa, las personas viven esta noche como una oportunidad para reunirse con sus seres queridos.

Antes era común ver que se usaran fuegos artificiales y que en algunos municipios se premiara el barrio mejor iluminado, o que se hicieran procesiones masivas para alumbrar la virgen en algún templo. Sin embargo, este año la pandemia cambió esas dinámicas y le dio la oportunidad a la gente de celebrar esta noche con más calma, quizá de manera más espiritual y en compañía de sus seres más queridos.

Sin duda, la “Noche de velitas” de 2020 nos invita a agradecer la vida.